Un cuento de aventuras. Disfrutadlo.

Algas y Sal. Infierno de humedad y silencio. El pescado comienzan a oler. Mala señal. De repente, una ligera brisa mueve las velas, pero no lo suficiente. No sé como vamos a salir de aquí. El loro repite una vez más su letanía “pescado muerto, pescado crudo”. Le miramos con odio y rabia, como si fuera el culpable de todo. Silencio tenso. No se cuanto tiempo llevamos allí. Demasiado, en cualquier caso. Más silencio. Más tiempo. Al fin, uno de los hombres habla. Es anciano, probablemente nacido en Japón, lleva aquí mucho más tiempo que los demás y su sóla presencia impone respeto. Y confianza. Nunca antes nos había hablado. Prestamos atención:”Escuchad. Es muy importante que entendais esto.” Su voz es potente y apaga las velas cercanas.” No saldreis de aquí hasta que paguéis las raciones de sushi que ha robado el loro de la cocina. Son 850 euros”. Maldito pajarraco. Es la última vez que le llevo a un restaurante japonés. Por mucho que me lo pida. Lo juro.

Moraleja. Barrio pijo, cercano a Madrid.